• TEMAZCALL

    La casa de las piedras calientes, el espacio del primer aliento, el vientre sagrado de la madre es.

    Esta ceremonia es uno de los pilares fundamentales que sostienen la reunión de altares.

    La ceremonia del temazcall se trata del vientre de la creación, cueva oscura de mujer madre, abierta y receptiva, que se deja fecundar por el cuerpo antiguo de las piedras, cargadas de la conciencia y el amor del fuego sagrado; la luz y el calor del mundo.

    Una vez más se trata de conjugar, bajo el poder de la intención, el principio femenino y masculino en la forma que activa el poder de la creación, para que en la correcta utilización de los elementos y el sabio procedimiento, colocar sobre éste un sueño, una palabra, una oración, un propósito.

    Es en este vientre donde nuestro pueblo, los hijos de la Tierra y del Cielo, entramos en actitud de reverencia a sentir el espacio de la gestación, oscuro y calentito, donde suena el latido del corazón, donde el agua es calentada por el fuego que registran las piedras, que se eleva por el aire y bendice. Es lugar de poder, de oración, de llamada a los espíritus. Un lugar de seguridad, de profunda intimidad donde sanar y recordar el sentido de nuestra gestación para tomar de nuevo la oportunidad de pronunciar en nuestro corazón, el sentido de nuestro nacimiento y presencia en el mundo.

  • MEDICINA

    Desde tiempos inmemorables, nuestros ancestros reconocieron infinidad de formas de relacionarse con los distintos poderes y dimensiones de la creación. Diseñaron innumerables sistemas donde poder desplegar la percepción de forma ordenada y adecuada para cumplir con un propósito donde la creación le diera lugar a ser creado.

    Presentamos la ceremonia de medicina de cuatro tabacos en el altar de las generaciones, como uno de los sistemas que nuestros antiguos visionarios reprodujeron. Un lugar para la creación de la creación. Un creador de propósitos. Generador de energía y portal de posibilidades guardado y perpetuado de generación en generación hasta nuestros días.
    La ceremonia de medicina es guardada por un guardián que caminó el proceso de instrucción con un maestro, de quien tras previo acuerdo y firme compromiso con el espíritu, recibió lo que llamamos la bendición. De esta manera fue ordenado a custodiar este altar en nombre de la perpetuidad.

    El altar es la guarida del principio femenino y masculino en estado de conexión y reproducción del poder de crear, alineado a la armonía y el movimiento de las direcciones. Se podría leer en la simpleza de su estructura el movimiento del orden de las galaxias. Es un calendario, un observatorio, un centro sagrado de relación, orientación, orden y conciencia.

    La ceremonia de medicina en el altar de las generaciones trata la reunión de los elementos, en instrumentos, entidades y fuerzas de la naturaleza. Convocadas intencionalmente en organización tanto espaciales como en secuencia temporal, respondiendo a un conocimiento refinado, para que en él se pueda elevar la oración del propósito. Y éste pueda someterse a un procedimiento definido y concreto, aunque altamente flexible, para darle respuesta a la realización.

    En sus cuatro tiempos, el propósito es el primero, como quien siembra una semilla.

    La ceremonia de medicina guarda uno de los altares que abren las compuertas de las dimensiones, y tiene el acuerdo con las medicinas, plantas maestras de poder, para ser convocadas y prestadas como vehículos de apoyo al propósito en el acceso a los mundos sutiles de la conciencia oculta y paralela, para poder ir más allá en lo profundo y amplitud del misterio de nuestro sentido en la existencia. Son poder que eleva el voltaje de nuestro sistema energético, que ofrece luz para ampliar la percepción, el potencial latente y por tanto la conciencia. Que ofrece la memoria y la información energética del orden armónico y saludable de nuestro ser en la Unidad. Son luz, conciencia maestra y mensajera del conocimiento.

    Esta ceremonia de medicina cuenta con los instrumentos de la sonaja y el tambor de agua para reproducir la vibración de energía creativa, dirigida con voluntad por el pueblo que canta, en la comunión con los seres naturales, a la vida misma.

    Es cuando el propósito es presentado y elevado a las puertas de la fertilidad, se da el segundo tiempo, el llamado del hombre al agua de las estrellas que riega, fecunda y activa la semilla, reconociendo el parentesco con los pueblos de las aguas del cielo, del relámpago y el ave del trueno. Honrando la antigüedad de la vida sostenida por la bendición de la medicina de esta agua, solicitamos, a este poder mayor, su ingrediente para fecundar nuestros propósitos en esta noche de oración.

    En el caminar del procedimiento se abre el tercer tiempo, el tiempo del poder, en que la semilla, activada y despierta, responde al llamado de ser nacida, expresando la naturaleza que es. La llegada de la promesa cumplida, la lealtad del espíritu, ofrecido de nuevo con las alas desplegadas derramando todas sus bendiciones, abierto es el campo de todas las posibilidades. Bajo el comando del tabaco, escuchados y respondidos como una sola voz en que el espíritu se expresa y se escucha. Tiene todas las formas y está en su infinita diversidad interrelacionado y generando la vida.

    Y por la mañana, el cuarto tiempo asoma con la luz del Sol, y con él el sabor de la dicha y la victoria del corazón. Momento de la medicina de la materia donde condensar y encarnar en el vehículo terrestre el conocimiento luminoso. Nuestra madre, dadora de la vida, despliega su esplendor abriéndose en un parto de generosidad, reproduciendo la multiplicación de los alimentos, y en ellos la pureza, la humildad, la fortaleza y la alegría. Como semilla que tras completar su ciclo multiplica las posibilidades de la continuidad del gran Árbol de la Vida, el árbol que somos.

  • MONTAÑA DE VISIÓN

    Existe un espacio donde se abre la oportunidad para darse el tiempo a escuchar y obrar en el diseño de uno mismo como miembro de la creación. A reconocerse en la alquimia y la inteligencia de los elementos, dotados del poder de crearnos como seres creadores en la creación... El espacio para reconocer la conciencia y la libertad del ser... El hamblisiyapi, la búsqueda de visión.

    La creación se crea a través de sus criaturas. En nosotros, la naturaleza, guarda el sueño y en el espacio del silencio se expresa. Ese es el primer tiempo. Y de esta forma reconocer el justo lugar que ocupa nuestra vida en el Metakuye Oyasin, el tejido de todas las relaciones de la Unidad. El camino de la montaña guarda del espacio del silencio interior, el espacio para la revelación de los sueños, de las visiones.

    Cuando el sueño es revelado en su máxima nitidez y el valor y las virtudes nos acompañan aparece el segundo tiempo. El tiempo de la palabra, momento en que elevamos el sueño desde el silencio a la oración. Cuando comunicamos a la creación; “he soñado, he visto y rezo por la visión de mi vida”. Nuestra gente nos entregó la instrucción y el encargo de guardar de ésta, bajo la consigna de que la palabra es poder y es sagrada, y bajo esta consigna nos entregaron la pipa sagrada. Está cargada del poder de nuestra vida y nuestra vida del poder de ésta. Nos aconsejaron que fuera una palabra de paz, y consciente de que nuestra voz es por todas nuestras relaciones.

    En nuestra palabra está el compromiso de nuestra voluntad y energía alineada y ofrecida al cumplimento de lo que oramos a lo que obramos. Somos las manos que realizamos lo que rezamos; para el cumplimiento del tercer tiempo. La realización de aquel sueño que anunciamos en voz alta, que llegó a su momento crucial, pues utilizando el poder de creer y crear, creamos la visión de la naturaleza en la alianza del universo con todas sus formas de vida.

    La montaña es el lugar donde por innumerables generaciones nuestra gente acudió a modo de iniciación, como aprendices de la vida, a la búsqueda de visión. Espacio de instrucción para el libre y despierto caminar. Escuela para la relación directa, libre de libros y maestros, más allá que la sabiduría interior y la conciencia en conexión con la Unidad del ser en el Ser. Es el espacio donde nos enmendamos al profundo misterio, donde nos ofrecemos al reconocimiento de la verdad. La visión es la promesa para quien de manera honesta a la montaña acude.